Covid-19

 

Un vergonzoso final

COVID-19

Con infinita tristeza, dolor y rabia, con el deseo de comprender lo incomprensible, leo y escucho como va desapareciendo de una manera cruel y sin sentido aquella generación, la llamada “generación de la guerra”, que con su esfuerzo y valor contribuyó a crear en gran medida lo que hoy somos.

La muerte masiva en paupérrimas residencias, sin medios de defensa para ellos y sus cuidadores, recaerá irremisiblemente en la conciencia de sus culpables. El maldito virus mata, pero aun mata más la indiferencia y el olvido con el que han sido tratados estos héroes anónimos.

Los que hoy mueren sin el último consuelo de sus seres queridos, salieron en los años sesenta (dos millones) con alpargatas de esparto y maleta de madera, hacia un incierto destino fuera de su patria y alejados de padres esposa e hijos. Estos que salieron y los que quedaron, fueron en gran medida los sufridos artífices de una recuperación económica que nadie esperaba

Los que hoy disfrutáis de esplendidas casas, lujosos coches y comida abundante, se lo debéis en gran medida a quien hoy muere y permanece su cadáver días enteros solos y sin la más mínima asistencia final en su cuarto de una residencia.

No hablemos solamente del olvido de los políticos hacia estos indefensos ancianos, no, es la sociedad en su conjunto quien los ha olvidado, todos y cada uno de nosotros nos tendremos que preguntar por qué estos valientes desaparecen sin el ultimo abrazo de los suyos.

¿Dónde se escucha el grito de repulsa de un acto semejante? ¿Dónde se esconden intelectuales, poderosos y poetas que vergonzosamente ocultáis vuestra voz? Ya sé dónde os escondéis, en vuestro ego de seres superiores, con el solo deseo de figurar y fomentar vuestras “cerradas” ideas de uno u otro signo, y que da la razón una vez más a Ortega cuando dice que “…es una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil”

Ocuparos vosotros que podéis, de sacar a la luz la verdad de esta situación y que se haga justicia de una vez a esta generación que desaparece cruelmente, por el olvido de quien tanto les deben. No seáis cobardes.

Fernando Moreno Bardón                             abril de 2020


Ya quedamos menos

Covid-19

Un día más, y las noticias en las residencias de ancianos no dejan de crearnos una especie de pena y rabia contenida. El abandono más penoso se cierne sobre unas residencias mal atendidas, peor administradas y sin el apoyo mínimo asistencial en estos momentos de pandemia. Las noticias que nos llegan por distintos medios de comunicación son confusas y las oficiales nos crean muchas dudas de que sean fiables. Lo que si es cierto que aun en estos momentos hay residencias en que los fallecidos se cuentas por decenas. Queremos saber la verdad de lo ocurrido y el porqué de esta tragedia que barre de la faz de la tierra a la generación de nuestros mayores. No siento rencor ni culpo a nadie en concreto, quizás a mí mismo por no haber sabido a tiempo las circunstancias tan penosas que existían en estas residencias, para poner el grito en el cielo. Sí, todos tendremos que rendir cuentas, también las instituciones competentes en materia de vigilancia y aportaciones de recursos se verán obligadas a dar explicaciones. Tendremos que saber de una manera clara y contundente, porque se tardó tanto en atender con medios sanitarios y humanos a estas residencias de ancianos.

De los 21.400 fallecidos por el coronavirus en total, cerca de 14.000 han sido de ancianos en residencias.

 No hay prisa ya quedamos menos.

         F.Moreno B.                                                                Carmona 22/04/20

Nota

Esta nota escrita hace cuatro meses, y viendo que la historia se repite hoy peligrosamente - sabiendo lo ocurrido-, nos tenemos que preguntar, si quien está obligado a dar soluciones, no tiene la capacidad intelectual, moral, o simplemente de gestión para dar soluciones al problema.

Repito mi última frase del 22/04/20

“No hay prisa, ya quedamos menos”


Cuando yo podía abrazarte

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Cuando terminaba su servicio de enfermera en el hospital, después de 24 agotadoras horas, llegaba a casa los domingos por la mañana cansada sí, pero soñando con iniciar una vida plena en compañía de quien la esperaba para darle ese abrazo nada más abrir la puerta. Esta situación se repetía invariablemente ya dos largos años en los que Desiré y Antonio habían decidido vivir y compartir una vida juntos.

Ese primer abrazo nada más llegar a casa, era algo así como un soplo de viento fresco que acaricia tu frente en un caluroso atardecer de verano. Antonio había preparado el desayuno, y mientras Desiré se cambiaba de ropa y duchaba Antonio observaba su singular belleza.

La entreabierta puerta del cuarto donde Desiré se aseaba era lo suficiente sugestiva para que Antonio se sintiese impulsado de un natural deseo de acercarse a Desiré y abrazarla de nuevo. Instintivamente a pesar de estar solos Antonio cruza el umbral y cierra tras si la puerta.

Unos meses después.

Hoy es otro domingo, un domingo más pero no un domingo cualquiera. Hoy también como muchos otros Desiré vuelve de su turno del hospital, y como siempre Antonio le abre la puerta, pero el abrazo no llega, la sonrisa de su rostro ha desaparecido y en su lugar una triste mueca se dibuja en ella. Unos extraños círculos ocasionados por la presión de tantas horas de la mascarilla protectora la señalan. Pasa sin rozar ni siquiera la mano extendida de Antonio, y como un fantasma se aleja sin más directamente a su cuarto.

Hoy es domingo 29 de marzo de 2020 y no es un domingo cualquiera.

Hoy Desiré tiene miedo de ser abrazada, de causarle daño a quien tanto ama, hoy es ella la que cierra la puerta y se queda sola, hoy no hay caricias ni abrazos ni besos, hoy solo hay, miedos y tristezas.

Nota.

En homenaje a todos los facultativos y personal sanitario, que con su ejemplar actuación cuidan en estos trágicos días a los más necesitados sin pensar en su riesgo personal ni el de sus propias familias. Gracias.

 

Fernando Moreno Bardón                                         Finales de marzo de 2020

 


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